“Yo y mis amigos estábamos caminando al lado del Palacio Nacional una noche cuando nos encontramos con dos trabajadores humanitarios. Los hombres nos llamaron y mostraron sus penes a nosotras. Ellos nos ofrecieron 100 gourdes haitianos (USD 2,70) y un poco de chocolate si los chapábamos. Yo dije no, pero algunas de las niñas se los chuparon y ganaron el dinero”.
Este impresionante testimonio de una niña haitiana de 15 años de edad es uno de varios registrados en el valiente informe “No one to turno to” (algo así como “Sin nadie a quien dirigirse”), lanzado el último día 26 de mayo por la ONG británica Save the Children. El documento muestra que niños y adolescentes, especialmente las niñas, que viven en países y regiones afectados por conflictos o desastres naturales vienen siendo objetos de sistemáticos abusos sexuales de todo tipo, incluidos la violación, perpetrados por aquellos que deberían protegerlos, o sea, por los funcionarios de organizaciones y agencias humanitarias.
La acusación no es nueva. En diciembre de 2006 la ONU celebró una conferencia de alto nivel para reafirmar el compromiso de los organismos vinculados a las Naciones Unidas y las organizaciones no gubernamentales humanitarias para desarrollar acciones concretas y urgentes para hacer frente al problema. Pero el nuevo informe muestra que, además de persistieren los abusos, existe un verdadero muro de silencio, tanto por parte de las víctimas como por los mismos organismos internacionales que no estarían cumpliendo con su misión de prevenir y punir estos casos.
Abusos de todo tipo
Para desarrollar el documento se organizaron 38 grupos focales con niños, familiares y funcionarios de los organismos humanitarios. Los investigadores también hicieron visitas de campo a tres regiones especialmente afectadas por los casos de abuso sexual: Costa de Marfil, Haití y el sur de Sudán.
La investigación muestra que todo tipo de abuso sexual es cometido contra los niños, niñas y adolescentes. Se incluyen las relaciones sexuales forzadas o “consentidas” a cambio de alimentos o regalos, abuso verbal, la prostitución infantil, esclavitud sexual, e incluso el tráfico de niños con fines de explotación sexual. El informe señala que todas las formas de contacto sexual con los niños son ilegales, aunque hayan dado su consentimiento. Pero sus autores trataron de distinguir el sexo a la fuerza del que haya sido hecho por los niños, niñas y adolescentes por falta de opciones para la supervivencia o por la ignorancia de sus derechos.
Según el informe, el tipo más común de abuso sexual es el sexo a cambio de alimentos o regalos. Los investigadores escucharon informes de niños de hasta 6 años de edad que mantuvieron relaciones sexuales con funcionarios humanitarios a cambio de alimentos, dinero, sopa o, en algunos pocos casos reportados, de productos “de lujo”, como teléfonos celulares.
Las víctimas más frecuentes son niños, niñas y adolescentes huérfanos o separados de sus padres o parientes. Proceden de familias más pobres y por lo general no tienen nadie que se les cuide. Muchas veces siquiera poseen documentos. El promedio de edad gira entre los 14 y los 15 años, pero hay informes de niños de más corta edad víctimas de abuso. La mayoría son del sexo femenino, aunque hubo informes de abusos contra niños en Haití.
“Hay un hombre que trabaja para [una organización internacional] que ofreció 400 gourdes haitianos para un chico de 13 años, lo tomó en sus brazos, se fue con él y lo violó” – testimonio de un niño haitiano.
Un muro de silencio
Los abusadores fueron identificados como empleados de organismos vinculados al sistema de las Naciones Unidas y las organizaciones humanitarias internacionales. El estudio registra casos de abuso sexual ligados a 23 de las organizaciones humanitarias, de mantenimiento de la paz o la seguridad (tales como el Cuerpo de Paz de Naciones Unidas().
El informe reconoce que no hay datos exactos sobre la magnitud de los abusos, aunque investigaciones de campo indican una cantidad significativa en todas las situaciones de emergencia. Una de las dificultades para que se tener una idea más clara de la magnitud del problema es que la mayoría de los abusos no fueron reportados a las organizaciones o a las autoridades.
Varias son las razones por las cuales las víctimas no denuncian la violencia que han sufrido o están sufriendo. Entre ellos, el documento Save the Cildren destacó el temor de perder la ayuda material que es tan necesaria en la situación en que viven, el miedo al estigma o de sufrir represalias, la aceptación (o la resignación) frente a la situación, a menudo por razones culturales, la falta de conocimiento de sus derechos o de a quien hacer las denuncias o la incredulidad de que algo se hará a partir de la denuncia.
Para empeorar las cosas el informe también indica que las organizaciones internacionales están fallando sistemáticamente en adoptar las medidas necesarias una vez que reciben las denuncias. En todos los 38 grupos focales consultados pocos participantes dijeron saber de puniciones aplicadas a partir de denuncias. Entre los motivos aducidos para explicar esta situación está el hecho de que las autoridades locales a menudo sienten que tienen poco poder para actuar contra las organizaciones internacionales o no están en condiciones de investigar adecuadamente y reunir las pruebas necesarias.
Hay situaciones también en las que el aspecto cultural es un factor predominante y las comunidades locales imponen justicia sobre la base de sus tradiciones, aunque en la práctica esto resulte en un abuso adicional. En el sur de Sudán, por ejemplo, los casos de violación son tratados obligándose el violador a casarse con la chica y a pagar una dote a su familia. O sea, la víctima es literalmente obligada a dormir con el enemigo.
“El padre va a tratar de convencer al hombre para casarse con la muchacha y pagar una dote para ella, sin preguntar si ella lo quiere. Así que realmente la chica no tiene ventaja en denunciar el abuso. ”
“No sólo es el abuso en sí. Una es abusada y luego sus familiares abusan de nuevo al intentar que el hombre se la lleve con él.” Testimonios de dos niñas adolescentes en el sur de Sudán.
El informe indica que varias medidas ya se están adoptando por los organismos de la ONU y las organizaciones humanitarias internacionales, pero que se necesita hacerse más. Entre las propuestas concretas de Save the Children está la creación de un organismo internacional para supervisar y evaluar los esfuerzos de las agencias internacionales para prevenir los abusos y garantizar una mayor eficacia de las puniciones.
La ONU reaccionó de manera serena a las denuncias, reconociendo que el problema existe y es casi imposible evitar que suceda, ya que sólo los organismos relacionados con las Naciones Unidas tienen más de 200 mil empleados que trabajan en una amplia gama de actividades humanitarias en todo el mundo. El comandante brasileño de las fuerzas de paz que trabajan en Haití, a su vez, puso a Save the Children en tela de juicio desafiándola a mostrar casos concretos de abuso sexual por parte de los Cascos Azules que actúan en el país.
El documento de Save the Children es muy valioso y valiente a la vez, porque se atreve a poner el dedo en la herida y exponer el propio sector humanitario del cual la organización es uno de los principales exponentes en el mundo. Los investigadores dejan claro que la conducta delictiva es cometida por un pequeño porcentaje de los miles de profesionales dedicados a las causas humanitarias en todo el mundo.
La mayoría de la gente es muy profesional, dedicada y con coraje para trabajar en las más situaciones más adversas y estresantes posible. Por ello es que la entidad decidió investigar y exponer públicamente la cuestión, ya que cualquier abuso, especialmente contra los niños, es simplemente inaceptable.
El informe, en Inglés o francés, se puede descargar desde aquí.




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