Desde La Paz, Jane Beesley y yo seguimos para Bogotá para la segunda mitad de nuestra visita a los programas humanitarios de Oxfam en Bolivia y Colombia. Un recorrido sin grandes novedades. Al menos era lo que pensábamos.
Cerca de llegar al aeropuerto internacional El Dorado, en Bogotá, el avión vibraba con la turbulencia. Afuera había muchas nubes, pero nada de extraordinario. El piloto se preparó entonces para aterrizar. A mi me pareció que el avión vibraba demasiado de un lado a otro y estaba muy rápido. Justo cuando ya estaba aproximándose de la pista de poso, la velocidad aumentó y el aparato arremetió de nuevo al cielo. Nuestras cabezas fueron bruscamente jugadas para tras hasta que nos recobráramos de la sorpresa. La gente se miraba unos a los otros, pero nadie hablaba nada.



